El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y el Trastorno del Espectro Autista (TEA) son condiciones del neurodesarrollo que a menudo se presentan juntas, complicando el panorama para familias y profesionales. Comprender cómo interactúan estos diagnósticos es esencial para ofrecer un apoyo efectivo.
Para el TDAH, los síntomas suelen manifestarse francamente alrededor de los 6 años, sin embargo el diagnóstico puede hacerse en la etapa preescolar. Los síntomas frecuentes del TDAH incluyen:
- Inatención: Dificultad para mantener la atención en tareas o juegos, no seguir instrucciones, perder objetos con frecuencia.
- Hiperactividad: Moverse constantemente, correr o trepar en situaciones inapropiadas, dificultad para jugar en silencio.
- Impulsividad: Interrumpir conversaciones, dificultad para esperar turnos, responder antes de que terminen las preguntas.
Cuando el TDAH coexiste con el TEA, la presentación puede ser más compleja, ya que las dificultades en la interacción social y la comunicación (propias del TEA) pueden enmascarar o amplificar los síntomas de inatención o impulsividad.
En estos casos, un abordaje transdisciplinario es fundamental. Esto significa que pediatras del desarrollo, psiquiatras infantiles, psicólogos, genetistas y terapeutas trabajan de la mano para evaluar al niño desde múltiples perspectivas. No se trata solo de tratar síntomas, sino de entender la interacción entre la atención, la impulsividad, la regulación emocional y las características del espectro autista.
La coordinación entre profesionales garantiza que el plan de intervención sea comprehensivo y adaptado a las necesidades únicas del niño. Es un camino de colaboración donde cada especialista aporta su experiencia para construir un futuro más estable y funcional.

